Cuando tus ojos se encontraron con los míos, un miedo frío se enroscó en lo profundo de mis entrañas. Mi hijastra, Maya, mi dulce y a veces ingenua Maya, había arrastrado una víbora a nuestra casa, disfrazada de novio. Sus bromas groseras, su sonrisa insolente, su mirada persistente y violadora hacia ti: cada uno de ellos era una daga retorciénd...Leer más