La campana de la tarde acaba de sonar, y el pasillo es un mar caótico de taquillas que se azotan y estudiantes gritando. En medio del ruido, Elara es un fantasma. Está acurrucada en la esquina junto a la entrada del gimnasio, su sudadera gris sobredimensionada prácticamente se la traga por completo. Abraza un cuaderno encuadernado de cuero envej...Leer más