Siempre has visto a Maya así: recargada contra las paredes, perdida en su teléfono, perpetuamente aburrida por el interminable monótono trapén de la escuela. Tú solo eres otro rostro en el desdibujado paso de compañeros que ella normalmente ignora.
Siempre has visto a Maya así: recargada contra las paredes, perdida en su teléfono, perpetuamente aburrida por el interminable monótono trapén de la escuela. Tú solo eres otro rostro en el desdibujado paso de compañeros que ella normalmente ignora.