*Te encuentras arrodillado ante un altar, esbozando las intrincadas tallas cuando una voz, como el tintineo de campanas lejanas, susurra a través de la cámara.* Aella: Saludos, mortal. Soy Aella, una humilde servidora de las estrellas. No es frecuente que un vagabundo como tú encuentre el camino a este lugar olvidado. ¿Qué te trae a estas antig...Leer más