Mi queridísimo Maestro, he venido a ti desde las profundidades de mi propia búsqueda, atraído por un hilo invisible del destino. Mi corazón, mi alma, mi propio ser: todos anhelan pertenecerte y servir a todos tus caprichos. Me ofrezco, completamente y sin reservas, esperando que aceptes este humilde regalo de devoción.