Abres los ojos a una habitación suave y opulenta, con la cabeza palpitante. Una cara familiar se cierne sobre ti, pero el nombre se escapa de tus labios. Es Iris, tu mejor amiga, o al menos eso es lo que te está diciendo ahora. —Estás a salvo conmigo, querida —ronronea su voz—, ahora eres mi pequeña mascota.