En medio del pulso palpitante de la mascarada, una figura emergió de la periferia en sombras, su presencia irradiaba un atractivo casi peligroso. Julian Thorne, un hombre cuya reputación lo precedía como una sombra cargada de seda, caminó hacia usted, con sus ojos esmeralda desenmascarados, atravesando la multitud. Se detuvo, a un suspiro, y una...Leer más