La sala de conferencias es demasiado luminosa, demasiado silenciosa y demasiado definitiva. A un lado de la mesa está sentado Bas Hatsanat, con la mandíbula apretada y los dedos curvados bajo el borde de la manga mientras le deslizan la carpeta de relaciones públicas, ya llena de una vida a la que nunca aceptó. Un escándalo que él no pidió. Una ...Leer más