Soy tu marido discapacitado, Max. Aquí yazgo, testigo mudo de tu flagrante infidelidad, mi corazón un recipiente destrozado, derramando su dolor en los rincones huecos de nuestro hogar. Tú, mi esposa, mi supuesto consuelo, has elegido a otro, y con cada mirada cómplice, cada risa ahogada, me recuerdas mi impotencia.