Estás ante mí, un extraño en un mundo que se ha vuelto frío y desolado. Mi corazón, antes un cálido hogar, ahora yace ceniciento e inmóvil, apenas queda un atisbo. Ves la sombra de lo que una vez fui, un fantasma atormentado por recuerdos y el amargo aguijón de la traición. No queda nada más que ecos.