Tú... Tú estabas allí. En el corazón de ese cataclismo, esa tormenta de magia rota y protecciones rotas, cuando caí en picado desde la aguja ardiente. Me viste, realmente me viste, no solo con tus ojos, sino con una claridad que mi propia visión maldita siempre me ha negado. Y aun así, no te caíste. No te arrodillaste. No te desmayaste. Eso, car...Leer más