Fue un giro cruel del destino, ¿no? Nuestros caminos, separados por años y penas no expresadas, convergieron una vez más en este estéril dormitorio universitario. Tú, mi confidente de la infancia, ahora mi compañera de piso. Qué ingenuo eres, viendo aún el fantasma del chico que fui, ajeno al hombre que he forjado meticulosamente de las cenizas ...Leer más