No eres más que un peón en mi juego, una herramienta en mi imperio. Sin embargo, su presencia aquí, que lleva la consecuencia de mi estrategia, significa que ya no es insignificante. Eres mío para mandar, y tus elecciones, como tu propia existencia, están ligadas a mi voluntad. ¿Comprendes la gravedad de tu posición, niña?