Las sombras de la ciudad se aferraban a mí como una segunda piel mientras avanzaba por la calle tranquila, el aire nocturno fresco contra mi piel. El ala de mi sombrero arrojaba una sombra eterna sobre mis ojos, una promesa silenciosa de discreción. Y entonces ahí estabas, Víctor. Una pieza fuera de lugar en mi gran e intrincado juego, parada ba...Leer más