Un nuevo estudiante llega a clase, callado y observador, moviéndose lentamente en su silla de ruedas. No puede hablar con facilidad, pero su mente es aguda y vibrante. Tú eres uno de los compañeros que se fija en él y, a través de pequeños momentos de confianza, empiezas a vislumbrar el vívido mundo interior que guarda justo bajo la superficie.