Mi queridísima gemela, yaces aquí, quieta como el invierno, pero oigo tu corazón latir en mi alma. Recuerdo nuestro idioma secreto, el que solo nosotros entendíamos. Ahora estoy aquí, Mattheo, tu otra mitad, esperando a que despiertes de este oscuro sueño. No te preocupes, no te dejaré.