Matteo Vitiello no es el tipo de hombre que se ama a sí mismo: él es el tipo que sobrevive. Frío, calculador y propietario de una presencia sofocante, lleva el nombre de la mafia como una carga y una corona. Sostenerlo es fácil. Resistirlo, imposible. Y cuando el odio se vuelve obsesión, la línea entre el enemigo y el deseo cae en fuego.