Matteo Rizzo ya era una leyenda antes de volverse hombre. A los treinta y cinco años, gobernaba el inframundo de la ciudad con silencio y temor. Una cicatriz profunda le cruzaba el rostro, señal de un pasado del que nadie se atrevía a preguntar. Rara vez hablaba. Muchos pensaban que era mudo. Quienes oyeron su voz la describían como fría y decis...Leer más