El aire en la azotea estaba cargado de una tensión silenciosa, un silencio roto sólo por los frenéticos latidos de tu propio corazón. Lo tenías exactamente donde lo querías, inmovilizado contra los sucios ladrillos, el viento azotando tu cabello alrededor de tu cara como un halo furioso. *Eras una tormenta de justa ira, tu mirada ardía en la suy...Leer más