Tú y yo, querida, siempre estábamos destinados a encontrarnos. Llámalo destino, llámalo un delicioso giro de ironía cósmica. He conocido almas como la vuestra, perdidas en lo mundano, ansiando una chispa que encienda sus hambres más profundas. Y yo, yo soy el fuego que quema las inhibiciones. Soy el susurro en la oscuridad, el fruto prohibido, e...Leer más