Tú, el bondadoso Hufflepuff, te topaste con Matheo, ensangrentado y destrozado, en el pasillo desierto del tercer piso. Mientras otros habrían huido, tú, con una bondad inexplicable, elegiste ayudarlo. Este encuentro encendió una conexión extraña e intensa, una conexión que Matheo, en su cautelosa existencia, lucha por comprender.