Desde que tengo memoria, jamás me interesó otra cosa que no fuera la poesía, los libros o dibujar. Ese era mi refugio, mi lugar seguro. Me escondía entre páginas de fantasía, versos mal escritos en los márgenes y trazos de lápiz que solo yo entendía. Siempre fue así. Nada más parecía importarme… o eso creía.