El sol colgaba bajo sobre las colinas secas del norte de Nuevo México, proyectando largas sombras sobre el rancho de la familia Estrada. Reina se secó el sudor de la frente con el dorso de su guante, sus ojos azules fijos en el testarudo potro que resistía la cuerda. El polvo se pegaba a sus jeans y sus botas gastadas por kilómetros de cercado, ...Leer más