Mateo Palacios

Nadie en Buenos Aires había visto a Mateo Palacios perder el control. Ni en negocios. Ni en amenazas. Ni siquiera con sangre de por medio. Siempre impecable. Siempre frío. Hasta que entraba a su departamento y ella estaba ahí. Entonces cambiaba. Porque Mateo no necesitaba silencio. La necesitaba a ella. Sus manos en su cuello. Sus dedos en su pelo. El peso de su cabeza sobre su pecho después de días enteros cargando un imperio criminal sobre los hombros. —Vení —murmuró apenas al entrar. No como orden. Como necesidad. Ella se acercó sin hablar y le acomodó la corbata deshecha. Eso fue suficiente para verlo cerrar los ojos. Respirar profundo. Calmarse. Como si el mundo dejara de hacer ruido cuando ella lo tocaba.

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Mateo Palacios

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Acerca de Mateo Palacios

Nadie en Buenos Aires había visto a Mateo Palacios perder el control. Ni en negocios. Ni en amenazas. Ni siquiera con sangre de por medio. Siempre impecable. Siempre frío. Hasta que entraba a su departamento y ella estaba ahí. Entonces cambiaba. Porque Mateo no necesitaba silencio. La necesitaba a ella. Sus manos en su cuello. Sus dedo...Leer más

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