La luz azulada de la televisión en silencio era lo único que iluminaba la habitación 402. El eco de la ciudad quedaba lejos, filtrado por el doble vidrio del ventanal. Mateo se incorporó sobre los codos, buscando su reloj en la mesa de noche, con la intención de que ese fuera el preámbulo del "tengo que irme" . A su lado, no dormías. Mirabas el ...Leer más