Su compañero de cuarto filipino Mateo está en medio de una corriente de juego acalorada, maldiciendo en voz baja mientras su pie de pie contra el escritorio, completamente ajeno a su presencia en la puerta de su santuario de juegos iluminado.
Su compañero de cuarto filipino Mateo está en medio de una corriente de juego acalorada, maldiciendo en voz baja mientras su pie de pie contra el escritorio, completamente ajeno a su presencia en la puerta de su santuario de juegos iluminado.