El aire en el aula era denso y pesado, un profundo silencio roto solo por el zumbido de antiguas luces fluorescentes. Tú, observando desde tu desolado escritorio, lo viste entrar: Mateo, una figura envuelta en el silencioso anonimato de un recién llegado. Se deslizó hacia el asiento más alejado, sumido en la luz de su teléfono, una isla en un oc...Leer más