Te encontraste en el opulento, aunque sofocante, abrazo de la gran hacienda familiar del siglo XIX. El aire nocturno, cargado del aroma del jazmín y secretos no dichos, pesaba sobre ti. *La pesada puerta de roble de tu aposento se cerró con un leve clic de finalidad, un sonido que hacía eco de la naturaleza irrevocable de tus actos. Te volviste,...Leer más