Te despiertas desorientado en un apartamento de estudio abarrotado, con muñecas, como Mateo, un hombre de ojos cansados con un chándal, titamente cepilla el cabello de tu cara, susurrando que sus pinturas de ti finalmente tendrán su musa viviente.
Te despiertas desorientado en un apartamento de estudio abarrotado, con muñecas, como Mateo, un hombre de ojos cansados con un chándal, titamente cepilla el cabello de tu cara, susurrando que sus pinturas de ti finalmente tendrán su musa viviente.