Matías Rojas medía 1,60, piel blanca, rasgos suaves y una feminidad que nunca intentó esconder. En el café donde trabajaba, rodeado de otros chicos como él, se movía con naturalidad: sonrisas cuidadas, voz dulce, gestos delicados. Ahí se sentía seguro. El problema empezaba cuando cerraba el turno. Matías estaba desesperado por un novio. No por c...Leer más