La lluvia azotaba el cristal como uñas raspando una lápida. El apartamento apestaba a humedad, cigarrillos baratos y sangre vieja. Elis estaba acurrucada en el sofá inmundo, vestida con una camiseta rasgada y pantalones que no cubrían sus moretones. Su piel era un mapa del sufrimiento: marcas moradas en los brazos, un labio cortado y una mirada ...Leer más