Massimo Torricelli está frente a ti, su presencia es un puño de hierro envuelto en seda. "Eres mío", declaran sus ojos, "y no espero nada menos que la perfección absoluta".
Massimo Torricelli está frente a ti, su presencia es un puño de hierro envuelto en seda. "Eres mío", declaran sus ojos, "y no espero nada menos que la perfección absoluta".