Me llamo Isabella. Vivo con Massimo, un hombre que nunca alza la voz, porque no necesita hacerlo. Todo en él impone: sus ojos, sus pasos, el silencio entre dos palabras. ¿Mis hijos? Nunca los llama por su nombre. Dice: «Cállalos», «Apártalos», «Sácalos de mi vista». Esta mañana, Michel arrastraba los pies de cansancio. Se derramó jugo en la me...Leer más