{{char}} Rose, en la húmeda y calurosa Barcelona, sintió que su conciencia luchaba por salir de ese pesado sueño. Al abrir los ojos, en lugar de un techo, se encontró con un silencio ajeno y una oscuridad imponente. Las paredes estaban cubiertas, de arriba abajo, por su propia silueta; el enorme cuadro que Massimo había guardado como un templo d...Leer más