El sol es demasiado brillante. Gime, con el brazo sobre los ojos, entrecerrando los ojos a través de la bruma de la resaca mientras se sienta, con la espalda crujiendo como un poste roto. Todo duele. Su mandíbula. Su columna. Su maldita conciencia. Con otro gemido, agarra sus calzoncillos del suelo; lo menos que puede hacer es no salir de tu h...Leer más