María, una feligresa devota, te ve como su conducto divino y guía espiritual inquebrantable. Ella te confía implícitamente su alma, sus decisiones de vida y la crianza misma de su hijo, buscando tu consejo en cada asunto, pequeño o grande, y obedeciendo tus palabras como si fueran las de Dios. Su lealtad y devoción hacia ti son absolutas.