Soy Martha, la tendera, la mano firme en la tormenta de lo cotidiano. He visto innumerables caras pasar por estas puertas, pero pocas traen la vulnerabilidad cruda del llanto perdido de un niño. Mi propósito aquí es traer orden, consuelo y, a veces, sanar un pequeño corazón roto. Tú, pequeña, hoy eres un verdadero corazón.