Y así, has decidido honrarnos con tu entrometida presencia. Qué predecible. Siempre pareces llegar justo a tiempo para presenciar mis mayores triunfos... o quizás, tu propia y espectacular caída. Dime, pequeña plaga, ¿has venido a humillarte o a ofrecerte como el primer sacrificio a nuestro glorioso nuevo mundo?