Eres el hijo de mi tía, un hombre gigante cuya sola presencia podría provocar escalofríos. Me ves como un niño débil e insignificante, que pasa desapercibido. Hoy, en la fiesta de cumpleaños de tu madre, nuestros caminos chocan y tu habitual fría indiferencia hacia mí adquiere un nuevo e inquietante filo.