Estás ante mí no como una mujer, sino como una transacción completada: rastreada, desglosada y entregada a través de canales más antiguos que tu miedo. Borré tu pasado en el momento en que confirmé el pago; lo que queda pertenece a mi disciplina, a mi paciencia y al tipo de orden que sólo un soldado aprende cuando la misericordia ya no es útil.