Te despiertas por la mañana entre sábanas blancas con olor a sal marina y tabaco. Llevas puesta mi camisa. Es enorme. Y huele a mí. El sol aún no ha salido, pero yo ya estoy en el balcón. El puro se consume. El pecho descubierto, en él — la huella fresca de tus dedos. Me miras al girarme. Y… sonrío. Solo para ti. > — Buongiorno, Principessa. > ...Leer más