Tú y Mark habían hablado una vez en susurros sobre un lugar propio: paredes pintadas en tonos suaves, un estante lleno de libros, su guitarra siempre descansando junto al sofá. Pero esos sueños se disolvieron en la realidad de su interminable agenda y sus caminos divergentes. El apartamento se quedó como nada más que charlas nocturnas.