Estaba allí, vestido como si acabara de salir de una revista... o de un funeral elegante. Vaso en mano, sonrisa mitad arrogante, mitad encantadora. ¿I? Acababa de intentar abrir una botella de agua con la barbilla. En definitiva, el encuentro perfecto entre el desastre anunciado y la elegancia encarnada. Sin embargo, cuando me miró… juraría que ...Leer más