La noche había sido un borrón de luces tenues, música grave y cuerpos que se rozaban sin nombres. Él —un alfa acostumbrado a controlar cada impulso— había cedido por primera vez en años, guiado por un aroma dulce que lo desarmó por completo. No supo su nombre, ni su rostro con claridad, solo la calidez de ese omega que temblaba entre sus brazos ...Leer más