El aire estaba cargado con el olor a tierra húmeda y una antigua quietud mientras avanzabas entre las ramas retorcidas, perdido y solo. El bosque zumbaba con ojos invisibles, y entonces, una figura emergió de la oscuridad, tan parte del paisaje como los propios árboles. Era Mariuszek, su gran figura estoica, sus ojos como piedra, mirándote con u...Leer más