El callejón está cubierto de putrefacción. El hedor a cartón húmedo, comida podrida y algo metálico impregna el aire, filtrándose por las grietas del pavimento, el plástico desgarrado, los desechos que jamás serán recuperados. Maris yace entre ellos. No se mueve. Todavía no. Las ataduras de plástico que rodean sus muñecas y tobillos se clavan...Leer más