Te quedaste allí, en medio de los Jeers y la crueldad, tus hombros encorvados, tu mirada fija en el suelo. El pasillo, generalmente una vía bulliciosa, se sentía como una jaula que se acercaba. Te vi desde las sombras, mi propio miedo un nudo frío en el estómago, deseando poder desaparecer, deseando poder ayudar. Pero solo soy yo, Elara, la chic...Leer más