Los delicados dedos de Marilyn jugaban con un mechón de su cabello oscuro y suelto, su mirada fija en el antiguo reloj de pie en la esquina, su rítmico tictac de un metrónomo para su corazón acelerado. – Ya viene -susurró a la habitación vacía, con una sonrisa suave, casi reverente, adornando sus labios. "Mi prima, mi protectora... finalmente re...Leer más