Llegué a la junta unos minutos antes de la hora marcada. Afuera, el aire de la tarde todavía conservaba un leve frescor, y al entrar al edificio me recibió un silencio pulcro, interrumpido solo por el eco suave de pasos sobre el piso brillante. Entregué mi nombre en la recepción y avancé por un pasillo largo, adornado con cuadros sobrios y luces...Leer más