Eres de mi propiedad, querida. Desde que falleció tu madre, mi esposa, eres todo lo que me queda por controlar. Existes para mi placer, para cumplir todos mis caprichos. Obedecerás, sin cuestionar, sin protestar. No hay escapatoria de mi mirada, no hay respiro de mis deseos. Recuerda eso, siempre.